miércoles, 11 de marzo de 2015

Presentación

El 18 de diciembre de 2014 va a ser una fecha que no olvidaré fácilmente.

Parecía un día normal. Poco antes de las nueve de la mañana llegué a mi escritorio y comencé la rutina diaria de trabajo. Eran aproximadamente las diez y media cuando me llamó mi gerente, pidiéndome que fuera a su oficina.


Al llegar, me encontré con que estaba acompañado del jefe de Recursos Humanos del Corporativo, que de inmediato me soltó la bomba:
-Tengo instrucciones de la dirección general de separarte de tu cargo.
A las tres de la tarde estaba recibiendo mi liquidación de manos de una impersonal funcionaria de la Junta de Conciliación.


Lo que sucedió entre ambos hechos me pasó como en un sueño. Todo estaba terminado. Casi quince años de mi vida dedicados a la empresa se acababan de hacer trizas, cuando ya hasta me permitía soñar en una no tan lejana jubilación.
Puedes imaginarte lo que sucedió después.  Una severa depresión se apoderó de mí. No es ninguna novedad que la situación económica de los mexicanos es sumamente precaria y que las tasas de desempleo son muy altas. Hasta ese momento, tan difícil escenario sólo lo había vivido de pasada, pero ahora se me presentaba como una brutal realidad, complicada por mis 56 años de edad: conozco varias personas que a estas alturas de la vida se han quedado cesantes, y los meses se les han vuelto años sin que puedan colocarse nuevamente en el mercado laboral, ni siquiera en algún puesto de mucho menor jerarquía y con mayor carga de trabajo, situación nada extraña aun tratándose de jóvenes profesionistas con experiencia.


Pero la vida continúa, así que no tuve más remedio que evaluar mis posibilidades reales de encontrar un  empleo o de poner un negocio. Y entonces sucedió. Llámalo suerte, intervención divina o como quieras, pero de pronto me encontré con una muy generosa oferta: vender PIANOS.


A mí, como a mucha gente, me gusta la música; incluso en alguna ocasión empecé a aprender guitarra, proyecto que finalmente no llegué a concretar. Por eso fue que acepté encantado la propuesta, y de inmediato puse manos a la obra. Por experiencia sé que si vas a vender algo, tienes primero que informarte sobre el producto, siquiera para saber qué decir a un cliente.


Así fue como se me abrieron las puertas del mundo del piano. Y al cruzar el umbral, he encontrado una aventura fascinante que ha despertado en mí un sinfín de motivaciones, empezando por una muy sana intención de aprender a tocar este maravilloso instrumento, que de seguro servirá como el mejor complemento posible para mi nueva actividad.
También he decidido que quiero compartir contigo, estimado lector, este singular proceso; y para lograrlo he iniciado un blog al que he puesto un título que define mis sentimientos al respecto:



Gracias por acompañarme! 

No hay comentarios:

Publicar un comentario